Por Jorge Ramón Rizzo*
El gobierno de Claudia Sheinbaum, en coordinación con las autoridades de la Ciudad de México, facilitó el acceso a un programa habitacional del INVI a la familia del “Pato Merlín”, la mascota viral no oficial del Mundial. Un departamento como el asignado bajo el programa «Vivienda del Bienestar», tiene un costo de producción gubernamental que oscila entre los $800,000 y los $846,000 pesos.
Debo precisar, que hasta el momento todo apunta a que solamente le otorgaron el crédito y no fue un regalo o dádiva. Lo ciertemente evidenciado es que mientras la gestión resolvió una necesidad urgente, el caso reavivó el debate sobre el uso del aparato estatal para capitalizar fenómenos mediáticos frente a una crisis social generalizada.
La narrativa oficial, difundida ampliamente durante la «mañanera» del viernes, enmarcó el apoyo como un acto de profundo humanismo. Para la familia de Karla Gómez, vendedora ambulante que habitaba en condiciones vulnerables dentro de un pequeño local comercial, la intervención presidencial significó el paso hacia un hogar seguro.
Es innegable el impacto positivo que tiene el acceso a una vivienda digna para una familia trabajadora mexicana. Sin embargo, el fondo crítico de esta acción radica en el uso político de la vulnerabilidad y la rapidez con la que el Estado resolvió el caso particular de la familia mundialista contrasta drásticamente con la burocracia y las deficiencias que enfrentan cientos de miles de ciudadanos anónimos.
Mientras el carisma de un ave cautivaba a las redes sociales y a la audiencia del Mundial, amplios sectores de la población continúan marginados de los programas sociales sin la posibilidad de acceder a la misma atención directa de la persona titular del Ejecutivo Federal.
En la esfera pública, el hecho fue calificado por diversos analistas y usuarios como un ejemplo de «pan y circo» gubernamental. Al convertir a una mascota viral en protagonista de la agenda presidencial, la administración de Sheinbaum logró dominar la conversación digital y proyectar una imagen de cercanía con el pueblo.
Esto evidencia una estrategia de comunicación gubernamental altamente dependiente del golpe de efecto y la espectacularidad, la cual prioriza casos aislados con alto valor de simpatía por encima de soluciones estructurales integrales.
Por otro lado, cabe subrayar que, a pesar de las críticas que tildaron el hecho como un «regalo», el gobierno federal y la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, aclararon que la entrega del departamento en la Ciudad de México se realizó bajo el esquema de un programa de vivienda social, por lo cual la familia pagará su crédito. Esto separa el acto de un asistencialismo puro, orientándolo hacia un esquema de adquisición que dignifica el trabajo de la familia de comerciantes.
Mientras tanto, la Lotería Nacional emitió un billete con la imagen del Pato Merlín y si bien no es pública la información de ¿Cuánto les pagaron? Especialistas en marketing y utilización de marcas registradas consultados por Focus Group nos revelaron que éstas cifras oscilan entre 100 y 300 mil pesos por evento. Lo que se confirma, una vez que el influencer y empresario Poncho de Nigris reveló este fin de semana que pagó 200 mil pesos mexicanos en efectivo a la dueña del ave, Karla Ivette Gómez, a cambio de que «Merlín» fuera la imagen promocional y asistiera a un evento masivo en su cadena de pastelerías, Postrería 77.
Patos famosos existen gracias a caricaturas y series animadas infantiles del siglo pasado: «Pato Donald», «Pato Lucas» y «Howard el Pato»… Pero con el «Pato Merlín», estamos frente a la representación viva de «Rico McPato», porque sin duda ha facturado buenas sumas al momento y podría seguir haciéndolo este año e incluso puede ser una empresa que con la edición del mundial en turno cada 4 años, encuentre oportunidades de ingresos.
Al final, el caso del Pato Merlín deja una dualidad evidente en la administración de Sheinbaum: Por un lado, demuestra la capacidad del Estado para intervenir en la transformación de la calidad de vida de un núcleo familiar específico y por otro, expone la discrecionalidad del poder, donde la suerte de los ciudadanos de a pie parece depender de la viralidad de sus mascotas, más que de su derecho universal a la protección social.
Surgieron muchos comentarios por parte de miles de familias sin mascota viral, porque este caso demuestra que para conseguir vivienda en México, a veces no importa cuántos años tengas en la lista de espera, sino que la suerte te acompañe. Ahora serán muchos funcionarios de vivienda los que estarán «pagando el pato» ante la populista intervención presidencial.
*Periodista/Tlaxcala
